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En la actualidad asistimos a un boom de la Música Klezmer que recorre todo el Mundo. 
Alegre, descontracturado, energizante y con notas nostálgicas, el klezmer se toca con el alma y para el alma. Cruza fronteras y traspasa idiomas, cautivando a públicos heterogéneos que disfrutan, bailan y enloquecen a su ritmo.
 El Klezmer es la música de la cultura del "ídish", idioma hablado por la numerosa  Comunidad Judía europea, extendida en una vasta zona  de Europa Central y Oriental durante todo el Segundo Milenio; desde Alemania hasta Rusia, y desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro.

La palabra Klezmer proviene del yiddish כלזמיר, (ver video "Historia del Yiddish") etimológicamente del hebreo k'li zemer כלי זמר, "instrumento musical"; la palabra "kli" asociada a "instrumento, herramienta o recipiente" y la palabra "zemer" al "canto, el sonido y la alabanza".

Originalmente el término klezmer se refería a los instrumentos musicales con los que se interpretaba esta música, sin embargo, más tarde se extendió tanto al género como a los músicos en sí mismos, que hoy son llamados klezmorim.

A lo largo de la historia judía la música siempre tuvo un papel predominante.
La Torá, palabra hebrea que significa enseñanza, instrucción,  o más específicamente ley; y que abarca los cinco primeros libros de la Biblia (que para los cristianos se llama Pentateuco), no se lee, sino que se "canta".
Las fiestas y los entierros eran acompañados con cánticos, los rabinos supieron mantener la tradición de la música en todos los templos y oficios religiosos; y luego de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalem, los judíos continuaron con esta tradición en el exilio, llamado "diáspora".
 
El klezmer es fácilmente reconocible por sus características melodías expresivas, con reminiscencias de la voz humana, con la incorporación de risas, llantos y aullidos. Si bien no se tiene un registro muy preciso, la Música Klezmer nace muy poco después de comenzado el Segundo Milenio.
Al principio los músicos recorrían grandes extensiones como artistas ambulantes, desplazándose de aldea en aldea y realizando actuaciones en tabernas, en la calle, en teatros, en casamientos tanto judíos como cristianos y en fiestas familiares. De estas circunstancias surge el músico ambulante y ocasional, que anima la fiesta del pueblo arrancando unas notas que a algunos pueden parecer nostálgicas, y que por el contrario, son la máxima expresión de la alegría por la vida, como lo atestiguan los nombres de algunos estilos, como el freilaj (alegre).
Los klezmorim se reunían y formaban pequeñas orquestas con instrumentos muy variados. A veces les acompañaba un marshalik (cómico) o un cantante de temas populares interpretados en lengua ídish. Estos mismos cantantes y contadores de cuentos sentarían la base para la formación de un incipiente teatro judío. En un principio, cantantes e instrumentistas coincidían en la misma persona.

El canto folclórico pronto comenzó a empaparse también de melodías para el baile. De esa manera, la música se acercó al alma del pueblo. Como dice en su libro Klezmorim (Jewish Folk Musicians) el autor Joachim Stutchewsky, "la cuna de la música klezmer no está en las cortes de los nobles, ni en los salones de los aristócratas y ricos, ni en las aulas junto al piano y, por supuesto, que tampoco lo está en las partituras".
De esta forma la Música Klezmer incorpora a través del tiempo, influencias de músicas de otros pueblos, nuevas regiones por donde los judíos iban asentandose: tiene ingredientes eslavos, rumanos, húngaros, búlgaros y alemanes; y mas tarde, de música gitana, griega, de los balcanes, y también de música árabe y turca. Su repertorio era muy amplio, abarcando canciones religiosas, melodías populares, canciones en ídish y hasta piezas clásicas.
El klezmer asume la propia tradición de la música jasídica-movimiento místico dentro del Judaísmo, que nace en Europa del Este en el Siglo XVIII- y le incorpora sonidos, instrumentos y modos de interpretar de aquellos países en donde los judíos de la diáspora habitaban, otorgándole un toque muy especial con la incorporación del "clarinete" en esa época.
Los pogroms en Europa (matanzas de judíos en masa) de finales del siglo XIX y comienzos del XX, produjo una enorme migración de esta comunidad hacia los Estados Unidos, donde la música klezmer toma ingredientes del jazz, pero su difusión languidece, mas aún con la posterior persecución y aniquilamiento de la cultura judía por parte del nazismo, lo que hizo que el klezmer fuera desapareciendo.
Luego de una ausencia de varias décadas, al final de los '70, se produce una revalorización de la Música Klezmer; cuando músicos de jazz no judíos comienzan a interpretar e investigar este género musical, tales como el famoso clarinetista Don Byron, que integra la mundialmente conocida Klezmer Conservatory Band, orquesta referente del renacimiento del Klezmer.
Este "Renacimiento" de la Música Klezmer se propaga rápidamente en los Estados Unidos y en Europa, dando lugar a la formación de numerosos grupos orquestales multiculturales en las décadas del '80 y '90; donde también músicos judíos se integran a esta corriente de nuevas orquestas que interpretan música judía, recobrando así una tradición casi perdida e ignorada por dos o tres generaciones, que hoy contactan con ella.

También en nuestro país, si bien bastante tiempo después; se produce un fenómeno análogo al del resto del mundo: numerosas bandas de Música Klezmer se están conformando sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, en los últimos tres años, y este nuevo ritmo musical para los argentinos, se está expandiendo de manera inusitada.
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